Los Tiempos, 15 de octubre de 2018. 20 años de investigación de Alalay: de las aguas turbias a las cianobacterias

La laguna Alalay no sólo es importante por lo que hace por el medio ambiente, sino también por lo que representa para la gente de la ciudad de Cochabamba, según lo reafirma una síntesis de los 20 años de trabajo de instituciones y académicos para proteger este humedal, que elaboró la investigadora de la Unidad de Limnología y Recursos Acuáticos (ULRA) de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), Francisca Acosta.

“La laguna Alalay es uno de los últimos relictos que quedan en este valle, que otorga importantes servicios ambientales a la población de Cochabamba”, explicó la directora del ULRA, Dylian Castellón, al presentar la publicación de Francisca Acosta: “La laguna Alalay. Ecología, síntesis y cambios de los aspectos de restauración”.

El humedal, a pesar de su contaminación y sus constantes crisis, evoca a la antigua tierra de los lagos. De hecho, Cochabamba debe su nombre al vocablo quechua “khochapampa”, que significa “tierra de embalses o lagunillas”.

Urbana

Al ser una laguna urbana —la última que queda cerca del centro—, está “eutrofizada y con alto impacto antrópico”, es decir, con alta cantidad de nutrientes por las actividades humanas que se desarrollan en el área de influencia.

Las actividades humanas se intensificaron en la década de los 80 por los asentamientos en los alrededores y provocaron un mayor deterioro del humedal por el ingreso de aguas domiciliarias e industriales como las lavanderías de jeans.

Entonces, se registró una crisis similar a la de 2016, porque “los peces ya habían desaparecido a mediados de 1980 tras una mortandad masiva”, apunta la investigación.

En tanto que, en los 90, debido a la degradación, se realizó el primer dragado. La intervención de 1997 fue la más importante para reducir la presencia de nutrientes.

La investigación determina que la laguna ha atravesado por cuatro ciclos o estados desde 1998 hasta 2016.

El primer periodo, de 1998 a 2004, se caracterizó por una laguna de aguas turbias. El segundo, de 2004 a 2007, de gran desarrollo de plantas flotantes o “repollitos de agua”.

Un tercero abarca de 2010 a 2011 y 2013 a 2015, que se define como una etapa de aguas claras y buenas condiciones. La cuarta fase es un estado de cianobacterias, que empezó en 2016, con la mortandad de peces. (Ver infografía).

Las acciones humanas en el entorno han provocado “problemas sanitarios, estéticos y ecológicos, por lo que su conservación, manejo y restauración merece especial atención en lo científico, técnico y de gestión”. La Alcaldía trabaja en un plan integral, pero no hará el dragado.

UNA ANTIGUA TIERRA DE LAGUNILLAS

La investigación de Francisca Acosta recuerda que Cochabamba debe su nombre al vocablo quechua “khochapampa”, que significa “tierra de estanques, embalses o lagunillas”.

La condición acuífera del valle de Cochabamba determinó el asentamiento y crecimiento de la población humana, explica la investigadora. El proceso de desarrollo urbano se intensificó en el siglo XX y varias lagunas fueron drenadas como consecuencia de la demanda de tierra para las construcciones.

UNA PUBLICACIÓN SOBRE 20 AÑOS

La Unidad de Limnología y Recursos Acuáticos, dependiente de la facultad de Ciencias y Tecnología de la UMSS, presentó la publicación “La laguna Alalay. Ecología, síntesis de los cambios y aspectos de restauración”. El propósito es compartir la información acumulada por más de dos décadas a través de estudios del ULRA junto con el Centro de Aguas y Saneamiento Ambiental en colaboración de otros centros. La población podrá conocer más de la investigación y gestión en la laguna.

CRISIS DE 2016 MARCÓ BROTE DE CIANOBACTERIAS

REDACCIÓN CENTRAL

La mortandad de peces en la laguna Alalay, en marzo de 2016, marcó la aparición de las cianobacterias, capaces de producir cianotoxinas que posiblemente provocaron la desaparición de las carpas y platinchos de este humedal.

Los estudios del ULRA han determinado la existencia de cianobacterias. “Pero aún no existen los reactivos para hacer un análisis exacto, no sabemos qué tipo de cianotoxinas hay y su peligrosidad”, expuso la directora del ULRA, Dylian Castellón.

“Si no sabemos qué tipo son, no podemos decir cuán peligrosas son. Las cianobacterias son peligrosas, porque tienen la capacidad de producir cianotoxinas; pero, en este caso, la laguna Alalay no sirve para bañarse, no se realizan actividades directas”, añadió.

El denominado estado de cianobacterias, con un franco dominio del género Arthrospira, “generó un ambiente con baja penetración de luz (transparencia), condiciones de anoxia (falta de oxígeno) y potencial liberación de toxinas”, expone la investigadora del ULRA Francisca Acosta en la publicación que condensa 20 años de investigación.

Los factores que precedieron el brote de las cianobacterias, como los incendios en la laguna, aumentaron su vulnerabilidad. “Se conoce que factores como el fuego pueden causar disturbios en los humedales, provocando un aumento de la erosión del suelo, de la salinización, de la eutrofización, y un mayor riesgo de algas tóxicas”, describió Acosta en su publicación.

Otros estudios han advertido que las cianobacterias son nocivas para el ecosistema. Sin embargo, aún se necesitan estudios más concluyentes.

El brote de 2016 cambió el estado de la laguna de aguas claras dominado por plantas sumergidas a uno de cianobacterias, caracterizado por menos transparencia.