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Página Siete, 12 de abril de 2017. El 62% de la población rural no tiene servicios de saneamiento

En comunidades del Beni la cifra de instalaciones sanitarias no mejoradas, que no tienen ni letrinas, es del 49%. La falta de agua potable y alcantarillado es un riesgo sanitario.

En medio de la  vegetación, pozos y letrinas abiertas se esconden entre  nubes de mosquitos. Representan un foco de infección para las familias que no tienen acceso a servicios de saneamiento, que es  el caso del 62% de la población del área rural del país. Los baños ecológicos son para ellos una opción accesible.

“Ahora ya no  usamos los pozos ciegos.  Ya tenemos baños secos que son de gran ayuda para mi familia”, dice Arcelio Manú en su casa de la comunidad de El Cozar,   en el municipio beniano de Reyes.

El 62,4% de los hogares del área rural del país carece de servicio sanitario, de baño o letrina, de acuerdo al censo de 2012.  En  el departamento de Beni  los datos   muestran que el 49% de las instalaciones sanitarias son no mejoradas; es decir,  están  al aire libre.

Según  el informe Progresos en el acceso a fuentes mejoradas de agua e instalaciones mejoradas de saneamiento en Bolivia, elaborado por el Ministerio de Planificación del Desarrollo, Udape y Unicef en 2016, en Bolivia, el  46% de la población hace sus necesidades al aire libre. Este  índice es el mayor    de    la lista de  10 países en América Latina.

Ante este panorama, entre abril y diciembre de 2016 se  han instalado 91  baños ecológicos en tres municipios benianos, en el marco de un acuerdo  entre Unicef y la Fundación Sumaj Huasi, con el financiamiento de  la Embajada de Suecia en Bolivia y la Unión Europea. Además,  tres baños escolares fueron entregados  la semana pasada. Las nuevas estructuras benefician a 500 personas y al menos 200 niños y niñas.

Un riesgo salubre

La familia de Manú está compuesta por cinco miembros.  Todos viven en El Cozar. Don Arcelio  es profesor en otra comunidad lejana. Hoy está en casa porque las persistentes  lluvias le impiden llegar al establecimiento educativo donde trabaja.

En época de lluvias la falta de caminos no es el único problema en el oriente. Las inundaciones desvían manantiales  e inundan pozos ciegos que son usados como baños. Las excretas son arrastradas contaminando la tierra y las fuentes de agua que, por falta de conexiones de líquido potable, son usadas para el consumo.

“Hemos hecho la prueba y con los baños ecológicos ya no hay contaminación. Son limpios, no tienen mal olor  y son más seguros”, evalúa Manú.

Manejo y sostenibilidad

Los baños ecológicos  funcionan sin agua. Son inodoros instalados sobre cámaras  receptoras en las que los desechos no despiden olor debido al  uso de  secantes como el aserrín, que  es el más común. Sin embargo  cada familia ha encontrado un secante adecuado. “Yo utilizo ceniza”, afirma Neuza Pedrales Moriel.

Su casa está construida con  troncos y palmas. Fuera de su  cocina tiene una hamaca,  una radio colgada en la pared y una mesa  bajo la que caminan dos perros y un par de  gallinas. Dentro hay un moledor de piedra y varias ollas de arcilla y de aluminio, todas acomodadas sobre un fogón a leña.

“De aquí  saco la ceniza. La cernimos y después usamos sólo la parte más finita como secante para el nuevo baño”, explica.

Su servicio higiénico ecológico, al igual que los de las demás las familias de El Cozar, tiene señalización y un letrero que dice: “cuide el baño”.  Por fuera, doña Neuza lo ha decorado con flores sembradas en el suelo y por dentro, con payasos y muñecos  hechos de material reciclado.

“Acostumbrarnos a usar este baño ha sido toda una decisión. Al principio pensábamos que eran más cómodos los antiguos pozos que teníamos y yo hasta me daba una  escapada. Por eso hemos decidido tumbar (destruir) el viejo, porque era necesario que asumamos  nuevas costumbres más sanas y limpias”, asegura .

No sólo es más limpio. A los Manú -que en su propiedad tienen árboles frutales y huertas pequeñas-  los desechos les sirven para alimentar la tierra. “Claro,  después es buen abono”.

Lemy Macuapa, esposa del profesor Arcelio, explica  que el abono no se usa directamente en las plantas, sino que se entierra. “Al principio nos costaba medir cuánto de secante necesitaba o cómo era la instalación, pero hemos aprendido y es un beneficio”, afirma ahora.

Tiempos de cambio

Según el informe de Udape y Unicef ser niña, adolescente, indígena y vivir en un área rural representa la vulnerabilidad más alta en Bolivia, en relación con el acceso a servicios básicos, particularmente en saneamiento e higiene. La hija de los Manú es consiente de aquello y fue ella quien insistió en  la instalación de los baños ecológicos en su casa.

La semana pasada los socios en el proyecto de los baños ecológicos inspeccionaron las instalaciones en comunidades benianas.  “Me contaban que cuando llovía los pozos se inundaban y eso era un problema. Para nosotros es un gusto poder apoyar en este tipo de iniciativas, dijo en la    visita representante de Unicef en Bolivia, Sunah Kim.

Para Kim, el  impacto y la sostenibilidad de estas pruebas piloto dependen también de la forma integral con la que sean encaradas.  El acceso a agua potable y saneamiento  en  zonas constantemente golpeadas por los desastres es parte de un todo en el que se debe reforzar  la salud, la nutrición y la capacidad de reciliencia de las comunidades. “Lo que hemos  mostrado con estas pruebas piloto es que el impacto en la vida de las personas mejora cuando  hay una coordinación intersectorial”, manifestó.

Baños útiles con  inversiones sostenibles

Construcción El coordinador del área técnica  de la Fundación Sumaj Huasi, Óscar Suntura,  explicó que los baños ecológicos son construidos en un promedio de  ocho a 10 días .

  • Costo  Suntura calcula que la inversión en material es de 3.600 bolivianos. “La contraparte de las familias más la mano de obra   sobrepasa los 100 bolivianos”.
  • Mantenimiento Los módulos sanitarios no requieren mayor inversión en mantenimiento.
  • Promotores  La fundación ejecutora del proyecto formó dos promotores  que hacen la capacitación en higiene de la comunidad y también explican las mejores formas de mantenimiento a los   usuarios.
  • Formación Alicia Serrano es una de las promotoras o técnicas comunitarias. Tiene 18 años  y ve su actividad como una buena experiencia. De cerca experimentó la mejora en la calidad de vida de las familias, lo que le ha dado el impulso para trabajar por la población.

Proyectos que cambian la calidad de vida de las familias

“Los baños ecológicos y el manejo de la higiene menstrual son proyectos que mejoran la calidad de vida y empoderan no sólo a las mujeres, sino  a las familias enteras”, señaló el encargado de negocios a.i. de la Embajada de Suecia en La Paz,  Pontus Rosenberg, tras una visita a las zonas piloto del proyecto de Acceso  a Servicios de Saneamiento Sostenible y Prácticas Claves de Higiene y Resiliencia en el Beni.

La visita de una   comisión compuesta por  todos los involucrados -Unicef, la Unión Europea,  Sumaj Huasi y los ministerios de Salud y  Medio Ambiente y Agua- mostró buenos resultados.

“La impresión del recorrido por los proyectos es muy buena. Como Embajada de Suecia somos un  financiador y es importante mirar lo que está pasando para ser un socio activo junto a Unicef, en  un diálogo con el Gobierno sobre los desafíos que existen”, sostuvo Rosenberg.

Manifestó que las  familias se han apropiado  de estos sistemas sanitarios alternativos como parte de su  empoderamiento. Proyectos como estos son financiados en diferentes partes del país  como un  apoyo para mejorar la situación de la población vulnerable de diferentes regiones.

“Por lo que hemos visto, es evidente que son proyectos que pueden cambiar la calidad de vida.  Son nuevas rutinas que disminuyen  el riesgo de enfermedades a partir de la entrega de un baño digno”, manifestó.

Radionovela, teatro y cuento para  romper  mitos  del ciclo  menstrual

“Cuando estoy enferma (con la regla) no debo tocar las plantas porque se morirán”, dijo  una de las alumnas  de la escuela  de El Cozar a su maestra para justificar su ausencia en una clase de botánica. Este es uno de los mitos que persisten   y que maestros y alumnos  de comunidades benianas han decidido romper  informando a través de radionovelas, obras de teatro y cuentos.

Milene Chimae tiene 14 años y es consiente de su vulnerabilidad. Su primera menstruación llegó hace un par de años y entonces no sabía que lo que   ocurría en su cuerpo era natural.

“Las chicas pensábamos que era una enfermedad. No sabíamos que era  normal, que le pasaba a todas las mujeres y que las cosas que decían que pasaban cuando tenemos la regla eran mentiras”, cuenta la adolescente ahora con   naturalidad.

A ella también le dijeron que si durante el periodo tocaba una planta o recogía  frutos de los árboles, éstos morirían. “También dicen que si te acercas a un bebé   se le tapará la nariz”, comenta entre risas.

A una de sus compañeras le dijeron que si entraba al río o al agua una serpiente  podría embarazarla. “Igual te cuentan que si en esos días estamos cerca los chicos podemos tener hijos. Y  si hacemos esfuerzos puede hacerse una herida adentro”, relata.

A muchas niñas les dicen que es sangre mala, que deben desechar. La profesora del área  de Comunicación y Lenguaje del nivel secundario, Nelly Gonzales, señala que los mitos provocan  que las adolescentes  tengan miedo y se aislen de sus compañeros. A veces, también la   asistencia irregular a las clases.

La escuela de Milene es parte de una de las comunidades que recibió el apoyo de Unicef en acceso a saneamiento y prácticas de higiene. “Ahora los alumnos hablan de este tema de forma abierta”, señala la profesora  Gonzales.

Como parte de las herramientas recibidas,  desde mayo se difundirá   una radionovela por una  emisora local del municipio de Reyes. “Los estudiantes van a escucharla y en la escuela tendremos charlas reflexivas y debates”, adelanta.

Son 20 capítulos con diferentes historias de vida sobre la  base de material entregado por Unicef. Éste será sólo el primer paso  del plan.

“Vamos a hacer producción propia. Las niñas tienen  historias que quieren trabajarlas en cuentos y en puestas de teatro”, dice la maestra.

Para mostrar los primeros resultados, el miércoles pasado los estudiantes de secundaria presentaron ante una comisión interinstitucional la dramatización de los mitos más frecuentes sobre la menstruación.

“Aprendí sobre higiene y el manejo correcto de las toallas higiénicas, pero aún hay falencias; aquí no siempre hay. La mayor parte de las veces hay que ir a comprar hasta Reyes y cuando llueve, una no  llega”, dice   Milene que participó en  la obra.

Hasta hace poco, cuando las jóvenes no  conseguían insumos higiénicos usaban trapos. El proyecto ha hecho una dotación de material  absorbente y reutilizable y ha capacitado para su confección por parte de las adolescentes.